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En el mundo de los negocios se confiaba en que el final de año pudiera gozar de un marco político más sólido.

Humberto Martínez
Director

Como publicación profesional, hablar de política solo nos compete cuando entendemos que la acción política tiene una repercusión sobre la economía.

Por lo que se refiere al recientísimo proceso electoral, no hicimos ninguna observación en semanas previas, pero pudimos recoger opiniones de varios directivos que, sin entrar en detalles sobre preferencias ideológicas o simpatías por los candidatos, sí que nos manifestaban que les daba alegría la convocatoria precipitada de elecciones. Debe reconocerse que, en cuanto sorpresa y por las fechas semi-vacacionales de la jornada escogida, no le gustaba a nadie. Pero, puestos a celebrar sufragios este año (tal y como correspondía legalmente), mejor adelantarlas y despejar incógnitas, antes que renquear todo lo que quedaba de año en medio de la incertidumbre.

Todo esto, desde la óptica de quienes tienen que planificar sus acciones del otoño, que es la principal temporada de negocio del año, y que esperaban que, con una mayor certidumbre y serenidad política, los ciudadanos se sintieran más confiados y optimistas en su conducta de consumo.

Tras ese apunte, añadamos que los resultados de las elecciones de ayer son, en principio, los peores que se podían esperar. No satisfacen a nadie, ni a los ciudadanos de izquierdas, ni a los de derechas, ni a los de centro. Y, sobre todo, dejan una aritmética parlamentaria todavía peor que la precedente.

Las encuestas, que han fallado en sus pronósticos, daban como segura una mayoría PP-Vox. El miedo a Vox, y la admirable constancia de un político que siempre cae de pie (después de trabajárselo tenazmente, por supuesto), como Pedro Sánchez, ha hecho fracasar esos pronósticos. El partido más votado (PP) es altamente improbable que pueda lograr alianzas parlamentarias suficientes.

Pero, aunque el partido de Sánchez también ha aumentado ligeramente escaños, para formar Gobierno tendrá que articular una mayoría todavía más frankensteiniana que la de la legislatura anterior.

Es muy probable que la forme con éxito. Probada tiene su habilidad en obtener apoyos de debajo de las piedras, y durante la campaña electoral ya avisó que lo haría.

Sin embargo, los pequeños partidos periféricos ya han advertido también que esta vez subirán el precio de su apoyo. Y además tendrá que pactar incluso con algún partido al que la vez anterior no necesitó.

Los análisis más profundos, las hipótesis, las alternativas, los dejamos para los analistas. Ya los están efectuando y ustedes pueden leerlos en la prensa general. Desde nuestra óptica profesional, constatar que la gobernabilidad y la certidumbre política no han mejorado. Quizás, por el contrario, haya empeorado. Quedando todo al albur de la habilidad de los políticos, por supuesto.

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