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La descarbonización es positiva para el planeta, pero no es inocua para el sector de electrodomésticos y climatización.

Era evidente que estas cosas tenían que llegar. El mundo camina hacia una reducción o, a largo plazo, supresión del empleo de gas, en aras a reducir las emisiones de CO2 que contribuyen al efecto invernadero y, de este modo, al calentamiento global.

Con motivo del voto favorable de la plantilla al ERE de extinción de

32 contratos laborales en la planta de BSH en Santander, la Dirección del centro ha comunicado que esta medida, así como el ERTE (regulación temporal) actual y el del año próximo (que se aplicará en los primeros diez meses) son absolutamente necesarias «para adaptarnos a las nuevas realidades del mercado, marcadas por las políticas de descarbonización y las regulaciones que limitan el uso del gas en los hogares, impulsadas por la Unión Europea y otros Estados». Son, añade, «causas estructurales que impactan directamente en los volúmenes de fabricación de la fábrica».

Es algo a tener en cuenta por todos los fabricantes de electrodomésticos y de climatización que trabajan líneas de producto basadas en gas: esa es una actividad a extinguir, aunque, en contrapartida, los productos eléctricos equivalentes tienen un potencial de crecimiento, como equipos sustitutivos. Industrialmente, eso tendrá sus efectos.

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