En octubre su director financiero se arrojó a la calle desde un décimo-octavo piso.
Estos días ha sido noticia el concurso de acreedores («acogerse al Capítulo 11», de la legislación sobre insolvencias, de los EEUU) en que ha incurrido la cadena de tiendas estadounidense Bed Bath & Beyond (BBB, «cama, baño y más allá»). Solo la recogemos brevemente por una relación limitada con el sector. Ciertamente vende pequeños electrodomésticos para cocina, menaje, y mobiliario de cocina (sobre todo auxiliar), entre otras cosas. Y desde luego es una empresa de tamaño importante. Pero no es exactamente un especialista electro.
La compañía ha informado a su público que ha tomado la difícil decisión de comenzar a liquidar sus operaciones, y que todas sus tiendas permanecen abiertas (se supone que precisamente para liquidar mercancía, ya que probablemente habrá que cerrar muchas de ellas). Fundada en 1971, la cadena sufría desde hace años una disminución de público en sus puntos de venta, se cree que principalmente por competencia del comercio online. Los confinamientos por pandemia agravaron su situación. El endeudamiento contraído durante este proceso es el que ha terminado de ahogar a la compañía, que debe unos 4.700 millones de euros, y actualmente cuenta con unas 360 tiendas de la cadena principal, y 120 de otra con la misma sigla (BBB) pero diferente significado: Buy Buy Baby (compra, compra, bebé).
En septiembre, el director financiero, el venezolano Gustavo Arnal, saltó desde su apartamento en Manhattan, falleciendo tras caer dieciocho plantas. Se especula con la hipótesis de que haya sido un suicidio por el agobio de las dificultades de la empresa.
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