Discreción y frivolidad, en la Semana Después de la cancelación del «Mobile».

En los últimos días ha querido sugerirse que el MWC no se canceló por causas «de fuerza mayor», sino por una guerra comercial. Suena bien. Es posible. Pero, por favor, concreten. O callen.

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La visión de MARKET VISION.


Humberto Martínez - Director

Hoy nos hemos despertado con un anuncio en prensa (impresa) a toda página que dice, en blanco sobre rojo, y en inglés, que el Congreso del Móvil es eterno y Barcelona también, o algo así, y nos convida a vernos de nuevo en 2021. «Always Mobile, Always Barcelona, See you in 2021».

Estos días recientes han estado plagados de noticias, encuentros y rumores, que en realidad tampoco parece que debieran contribuir mucho al entusiasmo. El conspiracionismo abarrota cometarios de prensa y de políticos. Generalmente de forma velada, puesto que nadie parece poseer (o dispuesto a presentar) datos que avalen supuestas teorías, plausibles pero no demostradas.

Enric Juliana, subdirector del diario barcelonés La Vanguardia, decía el sábado que el Congreso del Móvil no se celebraría este año y apuntaba a que parecía en riesgo para 2021, ignorando las declaraciones de la conferencia de prensa conjunta de directivos de GSMA y MWC, Feria de Barcelona y autoridades de las administraciones públicas española, catalana y barcelonesa. Al día siguiente, el mismo periodista aludió al auge tecnológico chino, pareció apuntar a la guerra comercial («hoy [los chinos] están en condiciones de disputar la hegemonía de Estados Unidos en el despliegue de la inteligencia artificial y las redes digitales de alta prestación; esto es, la primacía en la nueva civilización. La batalla es descomunal y en la cultura popular de Occidente regresa ahora el ‘peligro amarillo’»), y finalizaba con esta frase: «algún día sabremos cuál ha sido el orden de los diversos factores que han empujado a la suspensión del MWC de Barcelona, escaparate de la tecnología china en el mundo».

Como decíamos, todo esto es razonable y posible. La hipótesis de esa causa comercial no tiene mal sonido, es verosímil, podría encajar con el contexto. Pero nadie parece dispuesto a aportar información (si es que dicha información existe) que lo respalde.

Oficialmente sabemos que dos empresas (LG y Sony) poco significativas en el mercado mundial del móvil se dieron de baja del MWC apelando a riesgos de salud: al congreso acuden muchos chinos, y en China hay una alerta sanitaria de primer orden. A fecha de hoy, van cerca de 1.900 muertos y más de 72.000 contagiados por el Covid-19, antes conocido como coronavirus de la neumonía de Wuhan. No es una broma. Mucha gente de a pie está asustada; en Asia y aquí; pregunten a cualquiera. Cuando LG se dio de baja, las cifras eran ciertamente menos impresionantes, pero el miedo ya existía.

Sony dijo que le asustaba acudir al MWC, pero no le temblaron las piernas para ir al ISE de Amsterdam (que el año que viene se muda a Barcelona, como en su día hizo el MWC desde Cannes), celebrado la pasada semana, del 11 al 14, y con mucho expositor chino también. Para Sony, la teoría de la excusa fácil que encubre «otras razones» puede ser válida. Pero la baja de Sony al MWC le resbalaba. Así lo hizo saber.

El comienzo del hundimiento tuvo lugar cuando Ericsson canceló su participación. Lo hizo también apelando al riesgo sanitario. Y esa pérdida sí que era importante. Muy importante. Porque además situaba ante el disparadero a otros proveedores de redes y a las operadoras de telefonía, a los que sus empleados podían acusar de insensibilidad frente a los riesgos.

¿Tuvo Ericsson razones ocultas para descolgarse? Podría ser, para nadie parece saberlo con certeza. De hecho, ni siquiera se apunta hacia ella con nombres y apellidos. Todos se limitan a sugerir que «alguien» podría tener razones ocultas.

El Congreso del Móvil quería que la Administración le ayudase a minimizar el coste de la cancelación, con alguna declaración que apoyase su argumento de que se ha suspendido por «fuerza mayor». No hubo tal declaración, y así debía ser: España no tiene una alerta sanitaria, venir a España es seguro en ese sentido. Lo malo es que ahora las autoridades se empeñen en promover la especie de que no sólo no hubo «fuerza mayor» sino que todo obedeció a razones espurias, de naturaleza comercial.

En una entrevista concedida al diario La Vanguardia, y publicada también el pasado domingo, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, manifestó que administraciones y agentes económicos comparten un sentimiento de injusticia por la cancelación del congreso, y añadió que esta se ha debido a «la alarma global por la epidemia» y a la «guerra comercial de carácter tecnológico entre Estados Unidos y China».

Lo primero (alarma global) es correcto, lo segundo es improcedente. Probablemente lo es de cualquier modo si se aspira a garantizar la continuidad del evento. E incluso, si esa continuidad no importase (hay quien preferiría potenciar una miríada de pequeños eventos de distinto formato que sustituya al MWC y reduzca la dependencia de GSMA), la acusación debiera sostenerse documentalmente.

¿Se suspendió el «Mobile» por una guerra comercial? Quizá. Es verosímil. Pero dígannos quién y cómo obró de ese modo. Si no, lo pertinente sería dejarse de insinuaciones y trabajar de cara a 2021 y años venideros. Y no poner cara de listos o «enterados» y enturbiar, sin pruebas, unas relaciones que han sido difíciles pero también provechosas para la ciudad, para la comunidad autónoma y para el país.

Dijimos hace unos días que, en opinión de MARKET VISION, el Congreso debería haberse celebrado incluso con las bajas. No ha sido así. Pero cargar las tintas sobre las denominadas «otras causas» de la cancelación, sin apoyar ese argumento con informaciones explícitas, no contribuye a dar solidez a las relaciones de Barcelona con los dueños del Congreso del Móvil.

Ayer, el Consejo de GSMA insistió en un comunicado que la cancelación fue «inevitable» y reiteró su esperanza en «volver a trabajar juntos para un MWC Barcelona 2021 aún mejor». Al mismo tiempo, en una reunión con agentes económicos convocada por la Generalidad de Cataluña, se pidió consenso en apoyar los esfuerzos de Fira de Barcelona para reforzar sus relaciones con GSMA. Lo más curioso: el presidente de Fira, Pau Relat, reclamó «discreción» y «unidad» sobre lo que pueda acordarse con GSMA. Eso, inevitablemente, lleva a preguntarse por qué clase de acuerdos se está dispuesto a ofrecer. Pero, también, si la discreción es compatible con la frivolidad de algunos políticos.



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