No pongamos alfombra de oro a quienes no crean riqueza en Europa

En los últimos informes de la patronal de línea blanca, Anfel, se pone de relieve el peligro que existe de una mayor deslocalización de la industria de línea blanca establecida en el país, que siga las líneas de lo que algunas multinacionales han efectuado ya, con la supresión de toda su base industrial en el país.

Fagor es un caso particular, ya que los cooperativistas no son sólo trabajadores sino propietarios, y la prioridad de una cooperativa es mantener la actividad nacional, no huir a terceros países en busca del mejor coste. Le preguntamos a Ánder Terradillos, director general de Fagor Electrodomésticos, si cree que, en efecto, hay riesgo de mayor deslocalización.

—Por supuesto que existe —responde—. No es sólo un fenómeno español, pero España debiera darse cuenta del peligro, y tomar medidas coherentes con la conciencia que, según nos consta, tienen los políticos sobre la condición de la industria del electrodoméstico como sector estratégico. El sector genera en España entre 40 y 45.000 empleos, directos e inducidos. Pero se le dedica más atención al sector del automóvil que al del electrodoméstico. No pedimos protección para nuestro sector, pero sí un trato coherente.

En los años 1995-97, un 15-20% de los productos que se vendían en Europa estaban localizados en países de bajos costes. Llegó la fiesta, la década prodigiosa hasta 2007, pero incluso durante ese boom la deslocalización aumentó su peso en el mercado, hasta un 33%: hubo mayores presiones sobre las eficiencias energéticas, pero los sobrecostes de las mismas no se pudieron repercutir en el precio, así que se buscaron plataformas de bajo coste para compensarlo. Y, por último, en cuatro años de crisis la localización industrial en países de bajo coste ha subido al 60-65% del mercado.

En Fagor, sólo un tercio de la producción se hace en países de bajo coste. La base de nuestra internacionalización no es el coste sino trabajar en mercados más amplios, pero es evidente que deslocalizamos algunos productos: aquéllos que, o los fabricamos en Polonia o Asia, o simplemente se los llevará nuestra competencia, en razón del precio. Nos resistimos, de todos modos, porque nuestra prioridad es la riqueza social, y su máximo exponente es la creación de empleo. Por desgracia, hoy somos incapaces de generar nuevo empleo, pero queremos sostenerlo maximizando el punto de equilibrio; y, entre otras cosas, protegiendo el precio con valor añadido y servicios.

Lo que sí que echamos de menos es una actitud más coherente de las administraciones públicas. Apreciamos lo que están haciendo con los planes Renove, pero entendemos que no deberían participar de los mismos aquellas empresas que no tengan una parte significativa de su producción en Europa. Algunos de nuestros competidores fabrican en países de fuertes desigualdades sociales y de costes; donde, además, un fabricante europeo que quiera trabajar allí sufre unas fortísimas barreras de entrada (así sucede en China o en Brasil).

No pedimos protección, pero es significativo el ejemplo de los Estados Unidos, una economía desarrollada y liberal que, sin embargo, está volviendo a proteger a su industria, mediante planes de estímulo limitados a los fabricantes con producción nacional.


[Publicado en MARKET VISION Suplemento 196 — diciembre 2011 ].